COMO AFECTA EL IMPEACHMENT DE TRUMP A LATINOAMÉRICA




Apenas por cuarta ocasión en la historia de Estados Unidos, la Cámara de Representantes ha emprendido una pesquisa para concretar un juicio político a un mandatario.
Andrew Johnson, Bill Clinton y Richard Nixon han sido los tres primeros jefes de estado en pasar por un juicio de este tipo, aunque Nixon se libró por haber renunciado antes de que se llevara a cabo la votación.
Las comisiones de la cámara baja intentan determinar si el presidente Donald Trump violó su juramento en el cargo por haber solicitado a un país extranjero que investigara a un contrincante político, Joe Biden.
Pero, ¿qué impacto tiene esta resolución en la política de EE.UU. que se realizarán en 2020?
Por ahora, según comentarios de senadores, este proceso está dividiendo más al país. Por ejemplo, el líder de la minoría Kevin McCarthy de California, calificó el proceso como un intento sesgado de engañar a un presidente al que los demócratas detestaron desde antes de asumir el cargo. "Los demócratas están tratando de destituir al presidente porque tienen miedo de no poder derrotarlo en las urnas", dijo.
Sin embargo, Nancy Pelosi asegura que no es así. “¿Por qué estamos luchando? Defender nuestra democracia”, dijo la legisladora el jueves al hablar a los demás miembros de la Cámara con un cartel de la bandera estadounidense a su lado y abrió sus comentarios leyendo el preámbulo de la Constitución.
También dijo que las reglas permitirían a los legisladores decidir si acusar a Trump "en base a la verdad". "No sé por qué los republicanos tienen miedo de la verdad", preguntó.
Para algunos analistas, la imagen de los demócratas cambiaría ante los votantes ya que, a pesar que el presidente Trump no es muy popular, el proceso de juicio político tampoco lo es.
"Si los demócratas someten a Trump a un "impeachment" estarán haciendo algo impopular en lugar de algo popular", escribió Ross Douthat un columnista del The New York Times.
"La agenda de los demócratas es más popular que la de los republicanos y los probables candidatos demócratas son todos más populares que Trump, por lo que cualquier cosa que ponga a los demócratas en el lado contrario de la opinión pública puede verse mejor, a los ojos de Trump, que el estado actual de las cosas", agregó.
Uno de los factores que contribuyeron al éxito obtenido por los demócratas en las elecciones de mitad de periodo en 2018 fue precisamente que los candidatos se concentraron en una agenda de propuestas de interés para los votantes, en lugar de dedicarse a atacar y cuestionar a Trump, asegura un artículo publicado en BBC.
Demócratas sin candidato fuerte
Algunos comentarios, incluso dados por el mismo Trump, han asegurado que la razón de este juicio es porque los demócratas no tienen un candidato que pueda hacer frente al presidente actual en las próximas elecciones presidenciales y para además potenciar la candidatura de Joe Biden, uno de los favoritos en las filas demócratas.
Sin embargo, el precandidato demócrata no se ha librado de comentarios vertidos alrededor de la investigación.
Recientemente, circularon unas fotografías que muestran al exvicepresidente y a su hijo jugando golf en 2014 con Devon Archer, quien formó parte de la junta de la compañía ucraniana de gas natural Burisma Holdings, una de las más grandes e importantes de Ucrania en esa industria.
Una investigación publicada en Business Insider, dice que Hunter Biden comenzó a trabajar con esa compañía en 2014 y dede el principio, el papel de Hunter en Burisma fue criticado por considerarlo un conflicto de intereses para su padre, que todavía era vicepresidente en ese momento y estaba muy concentrado en presionar a Ucrania para que hiciera un mejor trabajo para erradicar la corrupción.
Su contratación por parte de Burisma fue vista como un intento por parte de la compañía de reforzar su imagen y la percepción de que tenía fuertes lazos con Estados Unidos a medida que el mundo criticaba a Rusia por su anexión de Crimea, informó el Times.
Hunter Biden junto a su padre, el exvicepresidente Joe Biden.
Hunter Biden junto a su padre, el exvicepresidente Joe Biden.
Pero algunos guardianes de la ética, en ese momento, también decían que a menos que hubiera pruebas claras de que Hunter consiguió el trabajo para influir en la política exterior de Estados Unidos, entonces no hay motivo de preocupación.
Incluso desde antes que Pelosi decidiera avanzar con el juicio político, Biden se había visto forzado a hacer declaraciones sobre el tema.
"Nunca he hablado con mi hijo sobre sus negocios en el extranjero", dijo en una entrevista, donde insistió en que quien debía ser investigado era Trump.
Presidente pide unidad republicana
Por su parte, el presidente Trump sigue insistiendo en que esto no es más que una cacería de brujas de parte de los demócratas, y ha insistido a los legisladores de su partido que se unan para detener el embate de los demócratas, al respecto tuiteó: "Ahora es el momento para que los republicanos se unan y defiendan al líder de su partido contra estas manchas".¿Por qué en América Latina debe importarnos la corrupción en EE. UU.?
  • Porque EE. UU. sigue siendo la economía número uno del mundo, de acuerdo con su PIB, de modo que la corrupción masiva en ese país tiene impacto global.
  • Porque el presupuesto militar de EE. UU. es enorme, más grande que los presupuestos militares de los doce estados principales que le siguen y esto supone un poder de coerción de facto que lleva al resto de países a asumir los dictados de la potencia estadounidense por la presión indirecta (o directa) de su potencial militar.
  • Porque se arroga el rol de policía anticorrupción a nivel mundial, tal como lo advirtiera Hillary Clinton: “Nosotros en los EE. UU. estamos en una posición privilegiada para predicar el evangelio de la anticorrupción”, que se ejerce entre otras instancias a través de la Foreign Corrupt Practices Act.
  • Porque interviene en la guerra anti-corrupción exportando su modelo de judicialización de la política (a través de asistencia para la “modernización” de los aparatos judiciales, cursos de actualización, intercambios de expertos, conferencias, etc.).
  • Porque EE. UU., al erigirse como representante y garante de la democracia mundial, tiene un influjo político que proyecta al mundo, extendiendo y normalizando sus prácticas corruptas a terceros países a los que, no obstante, denuncia como corruptos para desviar la atención de su propia corrupción.

¿Cómo puede afectar el impeachment a América Latina?

Más allá de las diversas posturas que puedan plantear republicanos y demócratas en lo referente a América Latina (y que hemos evaluado en otros informes), un aspecto clave del impeachment es que envía un mensaje nuevo en un contexto de creciente guerra jurídica o lawfare en la región, reforzando la idea de que a través de los juicios se puede impugnar la voluntad popular emanada en las urnas. Aunque el impeachment sea un mecanismo constitucional, propio de EE. UU., ejerce presión al resto de países al mostrar que la vía legal podría ser la más indicada para remover a los presidentes que “no actúan con propiedad”. Esto profundiza la idea de la preeminencia del aparato judicial y “la ley”, sobre la soberanía popular, en detrimento de otras potencialidades de la democracia liberal (la representativa y la participativa).
A modo de ejemplo: el golpe de Estado contra Manuel Zelaya en Honduras se justificó en que el presidente quería cambiar unos artículos de una Constitución que algunos tildaron de “pétrea”. Se afianza así la idea del inmovilismo que garantiza la legislación, apelando a consensos que pudieran estar incluso desfasados, frente a la flexibilidad y el cambio de las normas que algunas sociedades demandan pero que el establishment se niega a asumir. Podríamos preguntarnos en otros casos, como el juicio político a Dilma Rousseff en Brasil, o la destitución por la vía parlamentaria de Fernando Lugo en Paraguay (ambos golpes blandos) ¿qué aspectos de la democracia y del Derecho hicieron prevalecer? Luego de esos procesos, ¿la democracia en esos países es más “saludable”? ¿Sus sociedades son más justas y las mayorías gozan de una mejoría sustancial en su calidad de vida? ¿O al revés?

Algunas conclusiones

El impeachment contra Trump puede acabar convirtiéndose en un mal cálculo político de los demócratas que, apostando por erosionar la figura de Donald Trump, se encuentren con que el proceso lleve a su reforzamiento. El desgaste que supondrá el juicio político en un Senado de mayoría republicana, con pocas posibilidades de que el presidente sea removido, se unirá a las energías que los senadores demócratas tendrán que dedicar en detrimento de la campaña electoral. La coyuntura preelectoral puede acabar teniendo un efecto positivo para Trump, si logra presentarse como garante de la lucha por la justicia y en contra de la corrupción, venga de donde venga, y si logra darle la vuelta al proceso presentándose como “víctima de un establishment corrupto”. En este sentido, reforzaría el imaginario ya delineado durante la campaña anterior, cuando se asoció la imagen de Hillary Clinton a la de un Partido Demócrata defensor del sistema y el inmovilismo frente a los grandes problemas y cambios que requeriría la sociedad estadounidense para volver a ser esa potencia pujante que fue en algún momento (el America First).
Sólo un candidato demócrata outsider de su propio partido, como Bernie Sanders, podría mitigar esa imagen de los demócratas salpicados por las corruptelas o vinculados el Deep State que quiere acabar con Trump y, por tanto, con las esperanzas de cambio de un sector considerable de la ciudadanía estadounidense, que mira incluso hacia el socialismo[25]. Enfrentando a un outsider de verdad (Sanders) con un empresario que se presenta como outsider de la política, Trump, quizás los demócratas podrían recuperar terreno y credibilidad entre su propio electorado. Por el momento, el escenario está abierto y, en buena medida, los resultados dependerán de lo que suceda en estos meses con el impeachment a Donald Trump.
Lo que parece que no va a cambiar es la profundización que este proceso puede comportar a la hora de reforzar el imaginario de quienes defienden el uso de la ley para atacar o aniquilar al adversario político. En el caso de América Latina, podría otorgarle aún mayor legitimidad a la judicialización de la política, donde la ley y los poderes judiciales (no electos, por encima del soberano y sus decisiones electorales) terminan operando no tanto como contrapeso a los posibles abusos de poder, sino como arma del exterminio político. Esto es, en esencia, la guerra jurídica o el lawfare. Un proceso que está experimentando un crescendo preocupante y cuyo último capítulo es el intento de llevar a Evo Morales ante la Corte Penal Internacional (CPI) por parte de los golpistas bolivianos.
Por:  / 

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